jueves, 28 de agosto de 2008

Medellin. 40 años distan

Hace 40 años concluyó en la ciudad de Medellin, la segunda Conferencia del Celam, un acontecimiento que marcó la revolución y renovación de un gran sector de la Iglesia sobretodo latinoamericana. Pero sobre todo marcó el compromiso con una ética social, en un año como 1968, lleno de convulsiones tanto políticas como sociales, que hicieron despertar una nueva sociedad.

En Medellin se firmó el compromiso de la Iglesia con los mas desfavorecidos, los excluidos, los sin voz, con las victimas de injusticias y discriminaciones. Se tomó la "Opción preferencial por los Pobres".

El documento de Medellín pretendió ser una aplicación del Vaticano II para América Latina. Medellín era una aplicación también del Pacto de las Catacumbas firmado por 40 obispos en una catacumba de Roma al final del Concilio. Por ese pacto los obispos asumían el compromiso de una vida pobre al servicio de los pobres. Muchos de los que firmaron el Pacto eran obispos del Tercer Mundo y había entre ellos un grupo importante de latino-americanos. Claro está que don Helder Camara estaba en el origen de ese Pacto. En esta Constitución la Iglesia tomó como orientación el servicio a la humanidad. Lo que Pablo VI subrayó y defendió claramente en su discurso de clausura es que el centro era el hombre y la Iglesia estaba al servicio del hombre. Desde la introducción, el documento de Medellín define claramente el propósito de la Conferencia.

La Iglesia latino-americana, reunida en la II Conferencia General de su Episcopado, situó en el centro de su atención al hombre de este continente, que vivía un momento decisivo de su proceso histórico. En Medellín las 16 comisiones practicaron el método ver, juzgar, actuar. En el documento de Aparecida, el conjunto está dividido en tres partes: una trata del ver, otra del juzgar y otra del actuar. En Medellín cada comisión redactó su texto. En Aparecida el texto fue obra de una comisión de redacción. El documento de Medellín está con certeza centrado en el tema de la pobreza. Fue la prolongación del Pacto de las Catacumbas. En esa opción podemos discernir el reconocimiento de la conversión de varios obispos y varios sacerdotes en América Latina que se aproximaron a los pobres, conviviendo con ellos, sintiendo y viviendo sus sufrimientos y sus humillaciones.

Todo eso ya existía antes de Medellín. Ya estaba presente la trayectoria de don Helder Camara y de varios obispos del Brasil que habían hecho opción por los pobres. Ya estaba presente la lucha de don Leonidas Proaño a favor de los indios en Ecuador, de don José Dammert en el Perú, de don Samuel Ruiz en Méjico, de don Enrique Angelelli en Argentina y tantos otros. Ya estaba presente la ida de varios sacerdotes al mundo de los pobres en varios países. Y estaba la presencia de Pablo VI animado por el Concilio y muy comprometido, exhortando a los obispos a un mayor compromiso con los pobres.

La Iglesia de América Latina, dadas las condiciones de pobreza y subdesarrollo del continente, siente la urgencia de traducir ese espíritu de pobreza en gestos, actitudes y normas que la vuelvan una señal más lúcida y auténtica del Señor. La pobreza de tantos hermanos clama por justicia, solidaridad, testimonio, compromiso, esfuerzo y superación para el cumplimiento pleno de la misión salvífica confiada por Cristo. Por eso Medellín tenía acentos proféticos: “Un sordo clamor nace de millones de hombres, pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte. Dado que Medellín no tenía miedo de la palabra liberación la usó muchas veces sin ningún adjetivo. Adoptó el tema de la liberación cuando la teología de la liberación todavía no existía.

Quien lanzó la teología de la liberación fue la Conferencia de Medellín.

La pobreza todavía es una palabra aceptable, pero nunca cuando está asociada a la palabra justicia. La opción por los pobres no asusta tanto cuando no está asociada a la palabra justicia.

(vía Reflexión y Liberación / José Comblin).

"Creo firmemente que la Teología de Liberación está viva en muchas cabezas, en muchos textos, en muchas comunidades. La opción de la Iglesia por los pobres no puede perder vigencia en una Latinoamerica en la que aún hay mas de 200 millones de pobres. Tengo la convicción de que la Teología de la Liberación se está renovando con matices nuevos. Ahora además de los pobres, también asume la causa del distinto color de piel, del indio, de la mujer", dice D.Pedro Casaldáliga.

Según Leonardo Boff, "La Teología de la Liberación sigue vigente en aquellas iglesias y grupos que toman en serio la injusticia social y la opresión que sufren las grandes mayorías.Así pues el documento de Medellin, base de la Teología de la Liberación, está en plena vigencia, es más, cobra continuamente actualidad dadas las actuales circuntancias no solo de Latinoamerica sino en toda nuestra tierra", (injusticia social, mayor pobreza, exclusión, mayor brecha entre el Primer Mundo y Tercer o Cuarto Mundo, etc.).

Humanicemos la Humanidad

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