jueves, 12 de marzo de 2009

Rutilio Grande. El "Padre Tilo"

Buen amigo de Monseñor Romero, este jesuita murió asesinado tal día como hoy hace 32 años, cuando era acompañado de Manuel Solórzano de 72 años y de Nelson Rutilio de 16, e iban a dar la comunión a un enfermo.

El padre Rutilio Grande, era coordinador de su equipo de pastoral, y estaba muy ilusionado con el Concilio Vaticano II, que quería una iglesia para el mundo, una Iglesia de los pobres. Inspirado en Medellín quería dar la Buena Nueva a las víctimas antes de imponer doctrinas.

Al hacerse cargo de la parroquia de Aguijares, desarrollo un fabuloso trabajo donde los trabajadores del campo consiguieron recuperar su dignidad, lo que preocupó a los terratenientes.

El “Padre Tilo”, huyó siempre de la violencia, tuvo enfrentamientos con quienes optaban por ella, pero el defendió a los pobres, defendió a los más humildes, siendo una persona muy de su tiempo y perfecto conocedor de la realidad de la gente.

Hay un canto que resume la vida del “Padre Tilo”

“Vamos todos al banquete,
a la mesa de la creación;
cada cual con su taburete
tiene un puesto y una misión.

Dios invita a todos los pobres
a esa mesa común por la fe,
donde no hay acaparadores
y a nadie le falta el con qué.

Dios nos manda hacer de este mundo
una mesa donde haya igualdad,
trabajando y luchando juntos,
compartiendo la propiedad.

Si hubo un momento determinante en la vida de Monseñor Romero, ese fue el de la muerte de Rutilio Grande, a partir de ese momento el compromiso de Monseñor Romero con los oprimidos, con los más pobres, es incuestionable. A parir de ese momento no hubieron dudas, a partir de ese momento tuvo perfectamente claro cual iba a ser su compromiso con su pueblo. Tan claro lo tuvo que entregó su vida por el.

Merece la pena tal día como hoy recordar algunas frases pronunciadas por el “Padre Tilo”:

“Amor que es conflicto y que exige en los creyentes y en la Iglesia como cuerpo, la violencia moral. Ya dije que no veníamos con machetes. No es ésta nuestra violencia. La violencia está en la Palabra de Dios, que nos violenta a nosotros y que violenta a la sociedad, y que nos une y nos congrega, aunque nos apaleen. Por lo tanto el código se resume en una palabra AMOR contra el antiamor, contra el pecado, contra la injusticia, contra la dominación de los hombres, contra la destrucción de la fraternidad”.

“¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Es peligroso ser verdaderamente católico! Prácticamente es ilegal ser cristiano auténtico en nuestro país, El Salvador. Porque necesariamente el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el cual la mera proclamación del Evangelio es subversiva.

“Mucho se habla de democracia, la boca se llena de democracia. El poder del pueblo es el poder de una minoría, no del pueblo. ¡No nos engañemos! Olas estadísticas de nuestro pequeño país son pavorosas a nivel de salud, a nivel de cultura, a nivel de criminalidad, a nivel de subsistencia de las mayorías, a nivel de tenencia de la tierra.

“Nuestro pueblo tiene hambre del Dios verdadero, y hambre de pan”.

“Porque conocemos las condiciones de vuestra existencia, condiciones de miseria para muchos de vosotros, a veces inferiores a la exigencia normal de la vida de un hombre… No podemos desinteresarnos de vosotros. Queremos ser solidarios de vuestra causa, que es la del pueblo humilde, la de la gente sencilla. Hoy queridos campesinos, el problema se ha agravado porque habéis tomado conciencia de vuestras necesidades y de vuestros sufrimientos y, como otros muchos en el mundo, no podéis tolerar, aguantar que esas condiciones deban perdurar siempre sin ponerle solícito remedio.”

Y para terminar este emocionado recuerdo de una de las mentes más lúcidas que ha dado América Latina, transcribo unas palabras de Monseñor Romero pronunciadas, en la Gran Misa Exequial del Padre Rutilio Grande:

“Hermanos salvadoreños, cuando en estas encrucijadas de la Patria, parece que no hay solución y quisieran buscar medios de violencias, yo les digo, hermanos. Bendito sea Dios que en la muerte del Padre Grande la Iglesia está diciendo: Sí hay solución, la solución es el amor, la solución es la fe, la solución es sentir la Iglesia no como enemiga, la Iglesia como el círculo donde Dios se quiere encontrar con los hombres.

Comprendamos esta Iglesia, inspirémonos en este amor, vivamos esta fe y les aseguro que hay solución para nuestros grandes problemas sociales”


En el recuerdo del Padre Grande, del “Padre Tilo” HUMANICEMOS LA HUMANIDAD

No hay comentarios: