lunes, 26 de octubre de 2009

Mons. Romero y Ellacuría.

De vez en cuando, vale la pena echar la mirada atrás y recordar sucesos acaecidos hace años, pero que han marcado la vida de innumerables seres de nuestro planeta.

Jon Sobrino acaba de dar a conocer su nueva carta a Ellacu. En ella nos vuelve a poner de manifiesto lo que para el ha supuesto él conocer, el trabajar codo con codo con Ignacio Ellacuría, uno de los jesuitas de la UCA, asesinados en El Salvador.

Pero no se detiene en el asesinato, no; se detiene eso si, en hacer un reconocido homenaje a Julia Elba y Celina, y contarnos parte de la relación que hubo entre Mons. Romero e Ignacio Ellacuría.

Es sorprendente que a veinte años de aquel luctuoso suceso y al leer hoy la última carta editada, se hable en ella de temas que aunque pasaron hace veinte o treinta años son de plena actualidad, y siguen sirviéndonos tanto como doctrina como modo de encarar esta vida.

Creo que vale la pena aprovechar y dedicar unos minutos de nuestro tiempo para maravillarnos con las frases que utiliza Ellacuría al referirse a Mons. Romero, y que nos trae J. Sobrino en esta nueva carta a Ignacio Ellacuría.

MONSEÑOR ROMERO Y TÚ
Carta a Ellacuría
JON SOBRINO
EL SALVADOR.

ECLESALIA, 25/10/09.- Querido Ellacu: Este año es el veinte aniversario de vuestro martirio y pronto llegará el treinta de Monseñor Romero. Nos toca hablar de ustedes con frecuencia, con especial responsabilidad, y también con algún escrúpulo. Ustedes, los jesuitas, son mártires bien conocidos, pero Julia Elba y Celina no tanto. Y sin embargo ellas son el símbolo de centenares de millones de hombres y mujeres que han muerto y mueren inocente e indefensamente aquí, en el Congo, en Palestina, en Afganistán, sin que nadie les haga mucho caso.

Prácticamente no existen ni en vida ni en muerte para las sociedades de abundancia. Y tampoco la institución Iglesia sabe qué hacer con tantas gentes que han muerto asesinadas. Si difícil es que canonicen a un mártir de la justicia como Monseñor Romero, mucho más lo es que canonicen a esos hombres y mujeres que han vivido y han muerto en pobreza y opresión. Y sin embargo, muchas veces te oí decir que son “los preferidos de Dios”.

Debería escribirte, pues, sobre Julia Elba y Celina, pero conozco poco de ellas. De Julia Elba sé que pasó trabajando toda su vida en las cortas, en la cocina. Y todo ello desde que tenía 10 años. No sé mucho más de ella. Sí me he preguntado “quién es más mártir, Ellacuría o Julia Elba”, y sería terrible que los mártires jesuitas hiciesen olvidar a esas dos mujeres que murieron asesinadas a 50 metros del jardín de rosas. Estos días he escrito que “Ellacuría no vivió ni murió para que el esplendor de su figura opacase el rostro de Julia Elba”. Ellacu, éste es el escrúpulo.

Pero Julia Elba y muchas mujeres salvadoreñas como ella, me perdonarán, quizás hasta se alegrarán, de que en esta carta te hable sobre nuestro Monseñor, pues no tienen celos de una persona muy querida. Y la he titulado: “Monseñor Romero y tú”. Mi intención es ayudar a las nuevas generaciones, a quienes no les sobra orientación cristiana y salvadoreña. Que sepan que una vez hubo un país y una Iglesia extraordinaria: la de Monseñor Romero. Y tú eres un mistagogo de lujo para introducirnos en su persona. Por ello, voy a recordar cómo se llevaron ustedes dos.

La gente sabe que los dos fueron elocuentes profetas y mártires. Pero me gusta recordar otra semejanza importante sobre cómo empezaron. Los dos recibieron una antorcha cristiana y salvadoreña, y sin discernimiento alguno hicieron la opción fundamental de mantenerla ardiendo. Monseñor la recibió de Rutilio Grande la noche que lo mataron. Y muerto Monseñor la retomaste tú. Es cierto que ya habías empezado antes, pero tras su asesinato tu voz se hizo más poderosa y comenzó a sonar más como la de Monseñor. A una señora le oí decir en la UCA: “desde que mataron a Monseñor, en el país nadie ha hablado como el P. Ellacuría”.

Lo que me interesa recordar y recalcar es que en El Salvador existió una tradición magnífica: la entrega y el amor a los pobres, el enfrentamiento con los opresores, la firmeza en el conflicto, la esperanza y la utopía que pasaban de mano en mano. Y en esa tradición resplandecía el Jesús del evangelio y el misterio de su Dios. No podemos dilapidar esa herencia, y debemos hacerla llegar a los jóvenes.

Los comienzos de tu relación con Monseñor Romero no fueron positivos. Al comienzo de los setenta, tú ya eras conocido como peligroso jesuita de izquierdas por tu defensa de la reforma agraria, el apoyo a la huelga de los maestros de ANDES y el análisis del fraude electoral de 1972. Pero con tu libro “Teología Política” de 1973 empezaste a tocar temas más explícitamente cristianos: salvación e historia, el mesianismo de Jesús, la misión de la Iglesia, violencia y política… Y aunque en el país no se hablaba todavía de teología de la liberación -y de cuán peligrosos eran sus defensores- los obispos se asustaron del Ellacuría teólogo que emergía con fuerza. Y le tocó a Monseñor Romero escribir una crítica de siete páginas sobre tu libro. Lo hizo en tono serio y educado, a diferencia de la crítica que llegó de un teólogo de una curia romana, llamado Garofallo. El primer encuentro entre ustedes fue un encontronazo.

Las cosas siguieron su curso. Tú con ciencia y profecía, y a veces con humor e ironía. En una pequeña revista de la UCA escribiste un breve artículo con este título: “un obispo disfrazado de militar y un nuncio disfrazado de diplomático” -los de mi generación sabrán a qué jerarcas te referías. No era tu estilo, pero sí tu convicción.

Así llegó 1976. Monseñor Luis Chávez y González, benemérito y buen amigo, después de 38 años dejaba la responsabilidad de la arquidiócesis. En ECA nos reunimos para escribir un editorial sobre tema tan importante: “quién será el nuevo arzobispo”. Apoyamos a Monseñor Rivera y nos distanciamos críticamente del que sonaba como posible candidato: el obispo Oscar Arnulfo Romero. La elección, por cierto, le salió mal al Vaticano, y más tarde escribirías que “a Monseñor Romero no se le eligió para que fuera a ser lo que fue; se le eligió casi para lo contrario”.

Llegó la conversión de Monseñor y un hondo cambio en tu relación con él. Cuando en marzo de 1977 mataron a Rutilio, tú estabas en España, y desde Madrid el 9 de abril le escribiste una carta, que llegó a mis manos por casualidad muchos años después. La publicamos en Carta a las Iglesias marzo 2006.

“Tengo que expresarle, desde mi modesta condición de cristiano y sacerdote de su arquidiócesis, que me siento orgulloso de su actuación como pastor. Desde este lejano exilio quiero mostrarle mi admiración y respeto, porque he visto en la acción de Vd. el dedo de Dios. No puedo negar que su comportamiento ha superado todas mis expectativas y esto me ha producido una profunda alegría, que quiero comunicársela en este sábado de gloria”.

Ellacu, esta carta es uno de tus textos más bellos. Le hablas a Monseñor con total verdad, y te muestras a ti mismo en facetas desconocidas para quienes sólo te han conocido como profesor y rector. Después del asesinato de Rutilio le agradeces “su valentía y prudencia evangélicas frente a claras cobardías y prudencias mundanas”, el acierto de “oír a todos, pero decidiendo lo que parecía a ojos prudentes lo más arriesgado”. Te referías a la misa única, la supresión de las actividades en los colegios católicos, la promesa de Monseñor de no asistir a ningún acto oficial… Le felicitas: “usted ha hecho Iglesia y ha hecho unidad en la Iglesia”; la mayoría del clero, religiosos y religiosas se aglutinaron alrededor de Monseñor. Y se lo vuelves a desear al final: “si logra mantener la unidad de su presbiterio mediante su máxima fidelidad al evangelio de Jesús, todo será posible”.

En la carta aparece la dialéctica evangélica e ignaciana, recurrente en ti: usted “lo ha logrado no por los caminos del halago o del disimulo sino por el camino del evangelio: siendo fiel a él y siendo valiente con él”. “No ha podido entrar usted con mejor pie a hacer Iglesia”. Yo también escribí que, aunque parecía que todo empezaba muy mal para Monseñor, toda empezaba muy bien. Y firmaste: “Este miembro de la arquidiócesis, que ahora se ve alejado contra toda su voluntad”.

Cuando regresaste en 1978 te pusiste, con entrega y devoción, al servicio de Monseñor. Escribiste para la YSAX, la radio del arzobispado, una larga serie de comentarios a su tercera carta pastoral, “La Iglesia y las organizaciones políticas populares”. Le ayudaste a redactar la parte central sobre las idolatrías en la cuarta carta pastoral, “La Iglesia en la actual situación del país”. En sus últimas semanas estuviste con él en la conferencia de prensa después de la homilía dominical, y te daba la palabra cuando le preguntaban sobre la situación política. Con él estuviste la víspera de su asesinato, después de aquella homilía irrepetible: “En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo, les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”. Y en el funeral cargaste el féretro. Se te ve en la foto con Walter Guerra, Jesús Delgado y Juan Spain.

Lo que hiciste por Monseñor no fue simplemente uno más de tus muchos servicios al país. Tampoco lo pensaste como servicio estratégico, dada la inmensa influencia de Monseñor. Monseñor Romero llegó a ser para ti alguien muy especial, distinto a como lo había sido Rahner o Zubiri. Se metió dentro de ti, y tocó tus fibras más hondas. Esa sensación la tuve desde el principio. Y se me quedó grabada para siempre en tu homilía en la misa de funeral que tuvimos en la UCA. En ella dijiste: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”.

Muchas veces he citado estas palabras, Ellacu. Son muy tuyas por la precisión del lenguaje y por el peso del concepto. Conociéndote, estabas diciendo verdad. Y una verdad teo-logal: por este El Salvador, masacrado y esperanzado,, taimado y valiente, cruel y generoso, se sintió el paso del misterio. El paso de Dios. Por eso Monseñor Romero se convirtió para ti en referente de Dios, y en principio y fundamento de tu teología. Lo voy a recordar brevemente.

Comencemos con la eclesio-logía. El “pueblo de Dios” no era un tema cualquiera, y menos cuando el Vaticano II ya estaba en declive y volvía a resurgir la jerarcología. Sobre él escribiste un artículo sistemático en 1983, pero antes, en 1981, habías escrito “El verdadero pueblo de Dios, según Monseñor Romero”. No tratabas de analizar las ideas de algún importante teólogo, sino de ir al fondo del problema desde la fuente que tenías más a mano y que te parecía la más fructífera.

Cuatro características mencionaste del verdadero pueblo de Dios: 1. La opción preferencial por los pobres, 2. La encarnación histórica de las luchas del pueblo por la justicia y la liberación, 3. La introducción de la levadura cristiana en las luchas por la justicia, 4. La persecución por causa del reino de Dios en la lucha por la justicia. No toda la novedad provenía de Monseñor, pero la más novedosa, por así decirlo, las tres últimas características, de él provenían. Al menos Monseñor Romero te hizo profundizar en ellas.

Monseñor te puso en la pista de “la Iglesia de los pobres”, la que ni siquiera en el Concilio tuvo éxito, a pesar de los deseos de Juan XXIII, el cardenal Lercaro y algunos pocos obispos. Y ciertamente te inspiró para hablar del martirio, realidad fundante para la Iglesia, como la cruz de Jesús. Varias veces citaste unas palabras escandalosas de Monseñor Romero: “Me alegro, hermanos, de que la Iglesia sea perseguida. Es la verdadera Iglesia de Cristo. Sería muy triste que en un país donde se está asesinando tan horrorosamente no hubiese sacerdotes asesinados. Son la señal de una Iglesia encarnada”. Mejor y más profundamente que con muchos conceptos Monseñor define a la Iglesia desde dos relaciones esenciales: con el destino de Cristo y con el destino del pueblo. Alguien, con buena intención, cuestionó una vez que Monseñor Romero corriera tantos riesgos, aun de su vida. Pero tú le contestaste: “eso es lo que tiene que hacer”. Y eso es lo que tú también hiciste con tu vida. La eclesiología no era un conjunto de conceptos prendidos de la realidad con alfileres, sino surgidos de ella.

En cristo-logía coincidiste con Monseñor en muchas cosas. Sólo voy a recordar una, para mí la más decisiva hoy, ciertamente en el tercero mundo, pero también en el primero: ver a Cristo en el pueblo crucificado, considerar a éste como la continuación del siervo de Jahvé. Son hoy los centenares y miles de millones de pobres, hambrientos, oprimidos, dados muerte violentamente, masacrados, inocentes e indefensos, desconocidos en vida y en muerte. Con ellos he comenzado esta carta al recordar a Julia Elba y Celina.

En 1978, en preparación para Puebla, escribiste “El pueblo crucificado. Ensayo de soteriología histórica”, en el que analizas la realidad de los pobres y víctimas como el siervo sufriente de Jahvé. En 1981, en tu segundo exilio de Madrid escribiste “El pueblo crucificado como ‘el’ signo de los tiempos”. En el primer texto recalcas su carácter salvífico. En el segundo, su carácter de revelación.

Monseñor Romero dijo en 1977 en Aguilares a los campesinos perseguidos y asesinados: “Ustedes son el divino Traspasado”. Y en una homilía de 1978 mostró su alegría porque los estudiosos del Antiguo Testamento no sabían decir si el siervo, del que habla Isaías es “todo un pueblo” o es “Cristo que viene a liberarles”.

No sé decir “quién copió a quién” o si ocurrió como con Leibnitz y Newton que descubrieron los fundamentos del cálculo infinitesimal con independencia el uno del otro. Lo que si me parece cierto es que ustedes tuvieron la misma asombrosa intuición de equipar la humanidad sufriente con el crucificado y el siervo de Jahvé. Y por lo que yo sé, sólo ustedes dos. No aparece en encíclicas ni concilios. Tampoco, normalmente, en las teologías. Y muertos ustedes, parece que no hay vigor ni rigor para hablar así de un mundo hoy está evidentemente crucificado.

Y una cosa más. En tu segundo exilio escribiste otro breve texto al que diste mucha importancia: “Por qué muere Jesús y por qué lo matan”. El título es más que muestra de ingenio. Se trata de esclarecer el sentido transcendente de esa muerte y sus causas históricas. En teología se pueden encontrar reflexiones afines, pero no así, ciertamente no con esa radicalidad, en textos oficiales de la Iglesia. Para lo primero hay que tener presente ante todo el designio de Dios. Para lo segundo hay que tener en cuenta la historicidad radical de la vida de Jesús: defensor de aquellos a quienes ofenden los poderosos. Por esa razón Jesús denunció el poder, entró en conflicto con él, perdió y fue crucificado. Esto, tan evidente, suele ser oficialmente silenciado -incluso en Aparecida, un buen documento por otros capítulos.

No lo silenció Monseñor Romero. En la misa funeral de uno de los sacerdotes asesinados dijo lapidariamente: “se mata a quien estorba”. Y los que estorbaban no eran demonios o poderes transcendentes, sino oligarcas, militares, cuerpos de seguridad, escuadrones de la muerte. Así se entiende el “por qué mataron a Jesús”, como tú preguntabas.

Termino con la teo-logía, con Dios y con tu fe. En la primera carta te escribí que tu fe en Dios no pudo ser ingenua. En 1969 hablaste en Madrid de las dudas de fe que Rahner llevaba con elegancia -y entendí que algo semejante decías de ti mismo. Creo que luchaste con Dios como Jacob, en aquellos años recios para la fe. Y a tus 47 años “se te apareció” Monseñor Romero -y uso el término “aparecer”, opthe, conscientemente, para expresar lo que en ello hubo de inesperado, destanteador, cuestionante y bienaventurado. De esto sólo se puede hablar con temor y temblor, pero pienso que en contacto con Monseñor tuviste una experiencia nueva de la realidad última, de Dios. Y creo que se notó en tu hablar sobre Dios.

He escrito que para Jesús Dios es “Padre” en quien se puede descansar, y que el Padre sigue siendo “Dios” quien no deja descansar. En Monseñor Romero, en su compasión hacia los sufrientes, su denuncia para defenderlos, el amor sin componendas viste al Dios que es “Padre” de los pobres. En su conversión, su adentrarse en lo desconocido y no controlable, en su caminar sin apoyos institucionales eclesiásticos, en su mantenerse firme llevase a donde llevase el camino viste al Padre que sigue siendo “Dios”. Y quizás en Monseñor viste también que, a pesar de todo, el compromiso es más real que el nihilismo, el gozo más real que la tristeza, la esperanza más real más que el absurdo. Así interpreto sus sencillas palabras: “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. En ellas asoma la utopía

Termino. No era la primera vez que te encontrabas con alguien que iba a influir importantemente en tu vida, como bien lo analiza Rodolfo Cardenal. Sin embargo, encontrarte con monseñor Romero significó algo distinto. Y eso distinto radica en que te encontraste con la profecía, la entrega, la bondad de Monseñor, pero sobre todo con su fe, lo que configura toda la persona. Por eso nunca te consideraste “colega” de Monseñor. Nunca te escuché, siendo tú de talante crítico, una crítica a Monseñor. Y en tu nombre y en el de la UCA, dijiste que “Monseñor Romero ya se nos había adelantado”. E insististe: “No hay duda de quién era el maestro y de quién era el auxiliar, de quién era el pastor que marca las directrices y de quién era el ejecutor, de quién era el profeta que desentrañaba el misterio y de quién era el seguidor, de quién era el animador y de quién era el animado, de quién era la voz y de quién era el eco”. Lo decías con total sinceridad.

“Monseñor Romero, un enviado de Dios para salvar a su pueblo”, escribiste. Y Monseñor te habló de lo que en Dios hay de “más acá”. Pero también te habló de lo que en Dios hay de inefable, de misterio bienaventurado, de lo que en Dios hay de “más allá”. “Ni el hombre ni la historia se bastan a sí mismos. Por eso [Monseñor] no dejaba de llamar a la transcendencia. En casi todas sus homilías salía este tema: la palabra de Dios, la acción de Dios rompiendo los límites de lo humano”. Monseñor Romero vino a ser como el rostro de Dios en nuestro mundo.

Ellacu, termino esta carta con las palabras con las que tú terminaste tu último escrito de teología. Son para los que no te conocieron, para todos los que te conocimos y especialmente para que ayuden a que la Iglesia retome su rumbo:

“La negación profética de una Iglesia como el cielo viejo de una civilización de la riqueza y del imperio y la afir­mación utópica de una Iglesia como el cielo nuevo de una civilización de la pobreza es un reclamo irrecusable de los signos de los tiempos y de la dinámica soteriológica de la fe cristiana historizada en hombres nuevos, que siguen anunciando firmemente, aunque siempre a oscuras, un futuro siempre mayor, porque más allá de los sucesivos futuros históricos se avizora el Dios salvador, el Dios liberador”.

viernes, 16 de octubre de 2009

¡Día Mundial de la Alimentación!

Hoy día 16 de Octubre, se debe celebrar el Día Mundial de la Alimentación, muchos gobiernos y organizaciones han preparado actos para dicha celebración. Para millones de seres humanos esta celebración


Según datos de la FAO., se estima que el número de hambrientos en todo el mundo asciende en estos momentos a 1.020 millones de personas, con la previsión de que el número de hambrientos a lo largo del año 2009 aumente en unos 105 millones de personas.

¿Qué va a ocurrir en la próxima Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaría a celebrar en Roma el próximo mes de Noviembre?,supongo que nada nuevo, palabras, más palabras, discursos, más discursos, fotos, más fotos. Pero en definitiva nada concreto que es lo ocurrido en las últimas cumbres efectuadas.

Mientras tanto la Humanidad sigue padeciendo HAMBRE, mientras tanto se siguen perdiendo miles de vidas cada día, mientras tanto empresas como Monsanto, Syngenta, Du Pont y Bayer (de las que ya he comentado algo en otros artículos de este blog), seguirán pensando y poniendo en práctica las estrategias necesarias para tratar de imponer sus semillas transgénicas e intentar controlar más de la mitad de las semillas de nuestro planeta, .

Con los alimentos transgénicos, no se van a alcanzar los Objetivos del Milenio, con las semillas transgénicas tan solo alguno va a conseguir ser más rico, pero a costa de la destrucción de tierras aptas para las labores de agricultura destinadas a la alimentación humana.

Las plantaciones de transgénicos están acorralando a los campesinos que se dedican a malvivir con lo que pueden, puesto que se está ejerciendo sobre ellos una gran presión a fin de que dejen sus tierras, de este modo las grandes multinacionales aliadas con las grandes productoras de semillas crean unas vastas extensiones de cultivos, como los biocarburantes, en detrimento de la alimentación humana.

Pensemos en el dicho “Pan para hoy, HAMBRE para mañana”. Pan para hoy solamente para unos pocos, y mañana hambre para muchos millones de seres humanos.

No dejemos que desaparezca el campesinado, no dejemos que desaparezcan las pequeñas explotaciones agropecuarias en las que puede estar basada la subsistencia alimentaria de millones y millones de seres humanos.
El HAMBRE no es sólo un problema de negligencia, pensemos que el HAMBRE es también una cadena de intereses a favor de unos pocos.
El HAMBRE no es un negocio que a veces sale bien y otras sale mal. Es la violación de un derecho, del Derecho a la Alimentación.

HUMANICEMOS LA HUMANIDAD

jueves, 15 de octubre de 2009

Ya es hora de erradicar el HAMBRE

Ni objetivos del milenio tan pregonados a bombo y platillo; no creo que se lleguen a alcanzar en cuanto a la reducción propuesta del HAMBRE en nuestro planeta.

Ni reuniones del G-8, G-20, FMI, BM, BIC o cualesquiera otro organismo; están demasiado preocupados por salvarse ellos, y por tratar de salvar a unos países de una crisis a la que ellos mismos han llevado e intentar seguir como antes, sin que apenas cambie algo. Todo ello en lugar de apostar de un modo eficaz en la reducción del HAMBRE que asola a gran parte de nuestra tierra. Todo ello en lugar de apostar de una vez por todas en la erradicación de la POBREZA.

Ni las llamadas dramáticas de las ONG, que están al pié del cañón, luchando codo con codo con los afectados, y que en muchos poco pueden hacer si les faltan las materias primas, tanto de alimentos como de material médico, que no termina de llegar de los países a los que les sobra y derrochan.

¿Nos damos realmente cuenta de que el HAMBRE, ha robado y sigue robando el futuro de millones de seres humanos?

¿Qué caso hacemos cuando escuchamos o leemos a través de los medios de información que son 1.020 millones de personas que pasan HAMBRE?

¿Qué caso hacemos cuando escuchamos que cada día mueren 50.000 personas como consecuencia de la pobreza extrema?

¿Qué caso hacemos cuando sabemos que mil millones de seres humanos viven con menos de un dólar al día?

¿En que nos afecta la gran desigualdad de riqueza que cada vez aumenta de modo imparable?

Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), en estos momentos se están dando los más bajos niveles de ayuda internacional a los países más necesitados. “En muchos países en vías de desarrollo, los pobres no pueden reunir el dinero necesario para comprar comida. Resolver esta crisis alimentaría costaría menos del 0’01% del dinero que se ha inyectado en el mercado para rescatar a empresas de la crisis financiera mundial”

El importe presupuestado por el PMA para el año en curso 2009 es de 6.700 millones de dólares, estamos en Octubre, y según los últimos datos publicados, el apoyo financiero recibido tan solo alcanza los 2.600 millones de dólares.

Miremos a nuestro alrededor, no solamente encontramos pobreza en África, o en América Latina, la tenemos presente aquí, en nuestro barrio, en nuestras ciudades, a nuestro lado,pero no es agradable verla, no es agradable ni tan siquiera reflexionar sobre lo que está ocurriendo, es más cómodo seguir como si esto no fuera con nosotros, es más cómodo seguir con la venda puesta en los ojos y tapones en los oídos, y seguir ignorando lo que es una realidad dramática, y esperpéntica, y que no nos equivoquemos a todos nos afecta.
Recordemos lo que decía P. Casaldaliga y que es la presentación de este blog "Primero sea el pan, después la libertad. La libertad con HAMBRE es una flor encima de un cadaver".

HUMANICEMOS LA HUMANIDAD

viernes, 9 de octubre de 2009

¿Como es posible que nos esté pasando todo esto?


Hay más de mil millones de personas en nuestra Tierra consideradas como pobres.

La crisis actual tan globalizada, hace que esta cifra sigua creciendo y creciendo, no viéndose a corto plazo el fin, más bien al contrario; las políticas gubernamentales van haciendo, (aunque existan algunos gobiernos que luchan contra las políticas económicas actuales que pretenden ser doctrina), van facilitando el camino para que esta situación siga empeorando, sobre todo para los de siempre, para los pobres.

El Banco Mundial reconoce que realmente y en la actualidad la gran brecha entre ricos y pobres, se ha duplicado en los últimos 40 años, y sigue creciendo.

La Organización Internacional del Trabajo, opina que esta crisis puede dejar en el paro a 50 millones de personas, esto lógicamente aumentaría esa espiral de pobreza que nos atenaza.

No puede ser que las 10 fortunas más importantes del mundo son superiores a la suma de las rentas nacionales de los 55 países más pobres. No puede ser que el 10 por ciento más rico posee el 48 por ciento de los ingresos, mientras solamente el 1’6 de esta riqueza esté en poder de los más pobres.

La balanza de nuestra Tierra está terriblemente desequilibrada.

En este momento y como consecuencia de las grandes directrices impuestas para salir de esta crisis tan globalizada, los gobiernos se están hipotecando, se está hipotecando a sus gentes, con el convencimiento de que de nuevo vendrán las vacas gordas. Lo cierto es que en este momento la deuda publica mundial es brutal y como se ve en esta página el aumento es sin cesar. (Situa el cursor en el año que desees y verás).

De este modo ¿Vamos a salir del pozo a donde nos han llevado?

¿Qué va a pasar con la especie humana? ¿Ha comenzado su extinción? ¿Nos hemos metido en un camino que ya no tiene retorno? ¿Es posible que a nivel global se pueda recuperar la cordura de este mundo?

Según la ONU, con menos del 1% de los fondos económicos que han utilizado los gobiernos capitalistas centrales para salvar el sistema financiero global (bancos y empresas que han desatado la actual crisis), se podría resolver el sufrimiento de miles de millones de personas. ¿Por qué no se hace? ¿Los grandes directores de nuestro planeta no saben a donde nos llevan?

Estamos ante unos grandísimos dilemas, y me ha horrorizado leer que Jonathan Porrit, un consejero del príncipe Carlos y del primer ministro Gordon Brown indica, aunque sea en plan solamente teórico que para reducir otra de las alarmas que han saltado, la del calentamiento global, habría que reducir la población mundial a la mitad, añadiendo que esta es la menos costosa de las soluciones para detener el calentamiento global.

Realmente parece que este mundo se haya vuelto loco si es que no lo está, parece un ensayo frustrado de Alguien que creó esta Tierra que debería ser para uso y disfrute de sus habitantes.

Como dice el teólogo José Mª Castillo “¿Cómo es posible que esté pasando todo esto y encima estemos deseando que se acabe pronto la crisis para volver a estar como estábamos antes, o sea a intensificar de nuevo el consumismo insostenible que ha provocado tanta ruina, tanta muerte y tanta miseria? ¿Estamos dispuestos a seguir tan tranquilos, asistiendo a este espantoso genocidio, colaborando (al menos con el silencio) en la masacre?”.

Según José Mª Castillo, “el problema que se agudiza por días, está en que, manipulados como estamos por tanta tecnología, ya no nos queda sino una sola convicción: lo que importa es ganar mucho, vivir bien y trabajar poco. Me da miedo pensar que este camino ya no tiene retorno”.

HUMANICEMOS LA HUMANIDAD, todavía estamos a tiempo.




jueves, 8 de octubre de 2009

Gracias por lo que nos has dado "NEGRA", hasta siempre.

"Hermano dame tu mano/vamos juntos a buscar/una cosa pequeñita/que se llama libertad".



Cuando comencé a escuchar las canciones de Mercedes Sosa, La Negra, todavía estaban prohibidas, pero de vez en cuando y con el tocadiscos puesto muy bajito, me entusiasmaba oyendo esa voz tan distinta a lo que había escuchado hasta aquel entonces. Eran unas letras llenas de pasión, llenas de amor hacia el pueblo, unas letras que eran interpretadas de un modo diferente a lo oído hasta ese momento, eran en definitiva un grito de amor a la vida, un grito de resistencia a los poderes establecidos mediante la fuerza, un grito y deseo de libertad.



En los 70, y en parte de los 80, era un icono de la canción protesta en todo el mundo, no solo en Hispanoamerica, sino también en España, donde era muy querida por todos , salvo por los grises.



Eran otros tiempos, eran los tiempos en los que se buscaba, se ansiaba la libertad, eran los tiempos de verdaderos iconos de la canción como, Mercedes Sosa, Victor Jara, Serrat, Raimon, Violeta Parra, Quilapayun, Inti Illimani, Daniel Viglieti, y de tantos y tantos otros que abanderaban la lucha por la vida, la lucha por la igualdad, la lucha por la solidaridad, la lucha por la libertad.



Mercedes Sosa, La Negra, la voz de la tierra, la voz del pueblo, su garganta lanzando melodías con poemas que eran las palabras calladas que millones de hombres y mujeres sobre todo de Latinoamerica no podían pronunciar.



No componía, ni escribía sus canciones, pero no hacía falta, era interprete transgresora de los poderes establecidos, cantaba el sentimiento de los pueblos oprimidos ávidos de libertad.



La Negra siempre estará con nosotros, su música transciende generaciones, su música HUMANIZA LA HUMANIDAD.