sábado, 30 de julio de 2011

Somalia, Somalia

“La situación en la que se encuentra Somalia, debida a la severa sequía, afecta a grandes zonas del país, aunque se manifiesta más intensamente en Mogadiscio. Son los más pobres, los que no tienen ninguna posibilidad de huir del país, los que se quedan en Somalia para vivir o morir.


Los que han tenido la oportunidad, se han dirigido a Kenia y a Etiopía. La gente en Somalia está viviendo unos momentos muy difíciles, especialmente los niños, las mujeres y los ancianos. Aquéllos a los que nosotros atendemos llegan desde Kismaayo, del alto y bajo Juba, de Bay, etc.


La situación más grave es la de los agricultores quienes, debido a la sequía, hace dos años que no pueden cultivar y el terreno está seco. Los pastores nómadas no encuentran pastos para sus animales. La mayor parte del ganado ha muerto de hambre y de sed. Los pozos se están secando, y también los ríos.


En el pasado, estas personas contaban con la ayuda de diversas ONG distribuidas en los distintos territorios. Ahora, ninguna de ellas trabaja ya en el país. Tuvieron que huir por miedo y por las amenazas del régimen extremista islámico de Al-Shabab, que no permite la entrada de ayuda internacional.(*)


La guerra lleva años aniquilando a Somalia e impide cualquier forma de ayuda y de progreso. La red sanitaria es también inexistente. La malnutrición causa estragos en una gente agotada. Intentan salir del país animados por el deseo de salvar sus vidas, pero no siempre consiguen llegar a su destino.


Las madres emprenden la marcha con sus hijos. Son muchos los kilómetros que los pequeños deben caminar, pero las fuerzas fallan y no siempre se sostienen. Una madre emprendió el camino a Mogadiscio con sus cinco hijos; llegó sólo con el pequeño, a quien amamantaba y llevaba en brazos.”


Pero en medio de tanto dolor, sigue habiendo lugar para la humanidad


“La gente anda kilómetros a pie, con la esperanza de que alguien tenga misericordia y les lleva en su camión. Muchos lo hacen. Trasladan en brazos a los más débiles y los acercan en sus vehículos a los lugares donde pueden recibir ayuda.


Uno de estos camioneros trasladó en su vehículo a gente que llenaba los bordes de la carretera y los dejó cerca del hospital, en Mogadiscio. Se pensó que estaban todos muertos, pues no podían ponerse de pie y se quedaron tumbados. La gente se movilizó intentando recuperarles. Casi milagrosamente, fueron abriendo los ojos.


¿Dónde están los jóvenes? Eso es lo que más impresiona. No están aquí ni están en las aldeas. ¿Han huido? ¿Están muertos? ¿Se han unido a los Al-Shabab?


La gente se desplaza en dos direcciones: unos hacia donde está el gobierno y donde pueden recibir algo de ayuda, y otros, a la zona controlada por Al-Shabab, en una radio de 50 km, donde se ha abierto un campo de refugiados para atenderles.


Al-Shabab no dispone de muchos fondos propios, pero obligan a la gente a pagar un impuesto para “ayudar a sus hermanos”. Hacen colectas entres los comerciantes, entre los jóvenes estudiantes, en sus propias escuelas, en los hospitales y medios de transporte.


Ahora han permitido la entrada de la ayuda internacional, pero son ellos los que se encargan de distribuirla. La pregunta es, ¿cómo? En estas situaciones permiten trabajar en grupos pequeños sin crear problemas.


Necesitamos tiendas para dar refugio a estas familias. Una tienda por familia. Una tienda de plástico se puede encontrar en Mogadiscio y cuesta 25 euros. Además, se les proporcionará ayuda de emergencia: comida y medicinas. La mayoría de estas personas tienen tuberculosis pulmonar, una enfermedad muy extendida.


Esta es la situación actual de Somalia, cualquier ayuda es válida, tanto para las carreteras como para las tiendas, la agricultura o la escuela. Y después de la emergencia, es mucho lo que hay que hacer, en nuestra escuela, en el campo. Toda ayuda será bienvenida.”


Via Canal solidario.org.

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