sábado, 31 de diciembre de 2011

La navidad en nuestros días.

Dos cosas estropean la navidad en nuestros días.

La primera es -como siempre- el dinero. El consumismo nos pone en el centro de la navidad el dinero, y eso genera un dinamismo que a lo largo de la historia ha ido cambiando las formas de celebración hasta degenerarlas. Ahora veneramos a un Santa Claus -bonachón, vendedor de ilusiones infantiles, todo hay que decirlo, que alguna necesidad llena-, pero al servicio del dinero. Queda para los templos, y algunos hogares, recordar una tradición más ancestral y más humana: el nacimiento, bella idea que se le ocurrió a Francisco de Asís, enamorado de lo humano y de la ternura primordial de la vida. Hoy, para el pobre José, la pobre María y el pobre Jesús no hay lugar en los supermercados. No sabrían qué hacer en ellos, pues, en definitiva, respiran negocio, ambición del dinero -y eso creó el consumismo. Y los supermercados tampoco sabrían qué hacer con ellos, pues no son símbolos que venden, no son buenos para el marketing. Y dígase algo parecido de la belleza de un árbol, su verde color, la esbeltez de su figura, atraen, pero han acabado convertidos -y a buen precio- en peana y estante para regalos, lo que no es una idea mala, pero sin llegar a los extremos actuales.

La segunda es más grave: la crueldad humana que perdura en navidad. Es la antinavidad. En la de este año, en estos mismos días se anuncia la existencia de 42 millones de enfermos de sida -el 60% en Africa subsahariana, de los cuales el 75% son mujeres- y solamente el 7% tiene acceso a tratamiento. Y nada se diga de la cruel hipocresía del árbol que se enciende en la Casa Blanca. Qué nobles sentimientos evocará, a qué nobles pensamientos dirigirá las mentes cuando en Irak han muerto decenas de miles de personas es pregunta más que cínica. Y entre nosotros, aquí en El Salvador, ¿qué dicen los árboles de navidad sobre los 300 homicidios al mes, y los 500 salvadoreños y salvadoreñas que cada día intentan abandonar el país, sobre la acumulación de más dinero cada vez más en menos manos? No es fácil celebrar navidad.

Lo dijo Monseñor Romero, en palabras memorables, en la última navidad que celebró: Es hora de mirar hoy al Niño Jesús no en las imágenes bonitas de nuestros pesebres. Hay que buscarlo entre los niños desnutridos que se han acostado esta noche sin tener que comer, entre los pobrecitos vendedores de periódicos que dormirán arropados de diarios allá en los portales. Entre el pobrecito lustrador que tal vez se ha ganado lo necesario para llevar un regalito a su mamá o, quién sabe, el vendedor de periódicos que no logró vender los periódicos y recibirá una tremenda reprimenda de su padrastro o madrastra. ¡Qué triste es la historia de nuestros niños! Todo eso lo asume Jesús esta noche! (24 de diciembre, 1979).

Jon Sobrino

Publicado por antenamisionera el 22 de Diciembre de 2011