jueves, 17 de mayo de 2012

Eduardo Galeano, la sencilla palabra del alma

Allá por los primeros años dos mil, mi mujer puso en mis manos una trilogía que iba a cambiar mi vida por entero.

La Memoria del fuego, (Los nacimientos, Las caras y las mascaras, y El siglo del viento) han sido el primer libro de Eduardo Galeano que leí. Antes quizás por falta de interés o de tiempo, apenas leía otra cosa que no fuera acerca de nuestra guerra civil.

La Memoria del fuego me abrió los ojos a una realidad totalmente actual y un mundo que no conocía y comencé a descubrir.

La trilogía de La Memoria del fuego, fue devorada con verdadera pasión e interés, por una personalidad que apenas comprendía todo un mundo de interacciones existentes entre lo que leía y mi ser, mi profundo ser.

El desconcierto creado en mi interior, me atenazaba de una manera hiriente. Necesitaba conocer, necesitaba comprender, necesitaba estudiar y asimilar lo que ese profeta de la palabra me iba ofreciendo a través de sus escritos. Tan pronto terminé de leer La Memoria del Fuego, busqué, y busqué hasta conseguir Las venas abiertas de América Latina.

El cambio en mi interior fue brutal, algo comenzó a atarme a esa América Latina, simple, llana, sincera, humana, terrible, difícil y tan compleja como pueda ser la mente humana. Allí estaba, un libro chiquito pero enorme, un libro que me zarandeó hasta lo más recóndito de mi alma, dándome a conocer y entender aquello, que ya de pequeño, no llegaba a comprender: ¿Como era posible que aquellos españoles hubieran descubierto un Nuevo Mundo, si allí ya existía un Viejo Mundo, con sus culturas, con sus religiones y creencias?. ¿Como serían esos pueblos? ¿Como su modo de vida y cuales sus creencias? ¿Porqué en España se celebraban con tanta solemnidad los aniversarios del descubrimiento, si aquello ya estaba descubierto. ¿Como lo celebrarían al otro lado del Atlántico?

Las venas abiertas de América Latina, posiblemente su obra más conocida, imprescindible para los que amamos América Latina, y fundamental para todo aquel interesado en lo que mal llamamos Nuevo Mundo.

La gran sensibilidad, y gran conocimiento de Eduardo Galeano, han hecho, que como yo, miles y miles de personas nos interesemos además de por una prosa totalmente nueva y enteramente viva, nos interesemos por ese mundo tan complejo a veces, pero que él de modo magistral y con muy pocas palabras pero escogidas nos viene exponiendo en todos sus libros editados.

Latinoamérica, no es solo el Sur de Occidente, no es solo la hija de la patria, no, Latinoamérica es o debe ser la conciencia de nuestro amado Occidente, es la Patria Grande, es el grito de  los excluidos, el grito de los nadie, de los invisibles, de los sin voz.

Después vinieron El libro de los abrazos, Nosotros decimos no, Las palabras andantes, Patas arriba, Bocas del tiempo y Espejos, amén de cientos de artículos escritos por Eduardo y que he ido recopilando a lo largo de estos años.

Hoy, esta tarde, después de varios intentos fustrados de poder ver y escuchar en directo a Eduardo Galeano, lo he conseguido en el Colegio Mayor Cardenal Cisneros de Granada. Allí, Eduardo Galeano ha compartido con su tono inconfundible de voz, historias mínimas pero a su vez enormes historias humanas, con pocas palabras, las justas, las necesarias para contar una gran historia.

La obra y mundo de Galeano, no son ya solo acerca del desarrollo de unos países que durante siglos han estado bajo la opresión de los generales, sus historias no tienen fronteras, su mundo las ha traspasado, su mundo es la tierra, su personaje somos nosotros, es la humanidad.

Galeano nos hiere con su sinceridad de los hechos acontecidos, con su voz baja nos dice la realidad de este mundo que está loco, herido y sin saber a donde va.

Valga a modo de ejemplo la historia del día17 de Octubre de LOS HIJOS DE LOS DÍAS, (Su último libro publicado), se titula Guerras calladas.

Hoy es el Día contra la pobreza.

La pobreza no estalla como las bombas, ni suena como los tiros.
De los pobres, sabemos todo: en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres.
¿Será porque su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer?.



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