martes, 9 de abril de 2013

¡Gracias!

Lo que cambia la vida en unos segundos. Apenas sin darnos cuenta pasamos de un estado a otro que apenas conocíamos, a otro que tan siquiera pensábamos rozar en nuestra vida.

Hace un año y unos meses, sin mediar una palabra apenas, pasé de ser el administrador de una empresa, a ser titular de la Tarjeta del Paro.

Después de treinta y tantos años entregados a la causa de la empresa, me encontré con nada, tan solo una mano delante y otra detrás; hundido, desmoralizado, descorazonado, triste, e incluso con muchos sentimientos de culpabilidad.

Han pasado los meses,  y una nueva vida me acompaña, una vida nueva que quizás anhelaba en mi interior, pero que no veía el momento de poder llegar a ella. Sigo en el paro pero,  he descubierto que el ayudar a los demás, es posiblemente el antídoto mas eficaz para darnos cuenta de lo grandes que son nuestros semejantes, que no estamos solos, que una sonrisa que damos a los que nos rodean, tiene como respuesta, cien sonrisas, que un pequeño esfuerzo para tratar de que unos hermanos senegaleses, de que unos hermanos marroquies, aprendan un poco mas nuestro idioma que les ayude a defenderse en esta selva que vivimos, que un pequeño esfuerzo por mi parte, como digo, tenga como contraprestación unas gracias enormes llenas de sinceridad por parte de ellos.

Soy voluntario, doy clases de español, en una ONG; también soy voluntario de Cruz Roja, ayudando a los que mas lo necesitan, y me siento mas que bien pagado. Me pagan cuando les veo que poco a poco van desentrañando los secretos de nuestro idioma, me siento muy bien pagado cuando veo que van comprendiendo el difícil mundo de los números y los verbos irregulares. Pero sobre todo, me siento enormemente bien pagado cuando al terminar las clases me dicen: GRACIAS.

1 comentario:

Noches de luna dijo...

Me alegra verte tan feliz.

A veces las oportunidades nos vienen regaladas de una forma que no habríamos imaginado.
No vamos a buscar a propósito los problemas, pero es cierto que cuando los superamos aprendemos a valorar aquello que antes estaba oculto para nosotros.

Recuerdo lo que ayudó a mis hijos preadolescentes la etapa en que tuvimos que apretarnos el cinturón y que les supuso quedarse sin paga, desyunar leche y pan (ahora se quejan con humor recordándolo) y trabajar en la huerta a diario entre otras cosas. Aprendieron mucho sobre lo que realmente importa en la vida.

Un abrazo
Victoria